viernes, 29 de octubre de 2010

Cuando Ulises se subió al escenario

Entre semana y semana empecé a medir las distancias emocionales de lo recordado en tiempo, no en kilómetros. Una distancia que se medía por fases y que se prolongaba entre dos puntos opuestos. Había pasado de la alegría y la confusión inicial del reencuentro, a la sensación de no haber salido nunca del hogar. Fue así como los amigos circunstanciales de antaño acabaron por transformarse poco a poco en personajes de teatro.

Delante de mi se levantó el telón y pude ver un escenario lleno de rostros conocidos. Allí estaba el turco Memet y su habilidad para venderme una bicicleta, tres sartenes y una cacerola en medio de la calle. También estaba allí ´el fumeta´ albino que me observaba con mirada soñadora, mientras me narraba sus planes de ir algún día a la India. A su vez, un amigo escocés me tendió la mano, para subir al escenario con él y recorrer un bosque frondoso, según él plagado de serpientes. Entre bambalinas me perdí y encontré el decorado de un castillo en ruinas y una ruta por carretera siguiendo la línea azul del cielo hasta la costa. Mientra tanto, en las cortinas del telón apareció una letra ´eñe´ que se balanceaba perdida, incapaz de encontrar el teclado adecuado.



Muchas historias se habían quedado sin narrar, muchos personajes pertenecían ahora a otra realidad paralela. Pero lo más importante estaba todavía en la memoria. Ésa que nos permite retroceder en el tiempo y rescatar algunos momentos felices, capaces de hacernos sonreír de nuevo en los momentos difíciles. Tranquila en el hogar, por fin, junto a 'Penélope'. Aunque quizás alguna vez volviese a abandonarla, para navegar de nuevo a bordo de un velero, hacia un escenario lleno de nuevos personajes. Llegado el caso, me llevaría conmigo a la letra ´eñe´ bien amarrada, esta vez en forma de ancla.

6 comentarios:

Karen Burke dijo...

Bello! Ma dove hai trovato il dipinto? xxx

sarah dijo...

qué cosa linda ché
buena costumbre la de hacer de la memoria literatura, así nos enriqueces a todos y nos das lo mejor de esas días mancunianos que hasta ahora eran solo tuyos.

Penélope te esperará si decides navegar de nuevo, se volvió comprensiva, sabe que los veleros de este siglo siempre regresan. Y encima con tantas historias que contarle...

Beso!!

EL RINCÓN DE LAS LETRAS dijo...

Il dipinto è stato una scoperta:)


Hay cosas que son imposibles de narrar...

¡Cuantas cosas nos habremos perdido de tu vida en Buenos Aires! y de otros viajes.

Beso.

Anónimo dijo...

Conseils tres interessants. A quand la suite?

EL RINCÓN DE LAS LETRAS dijo...

La suite... très bientôt j´espère.

kenia sinai flores moran dijo...

¡muy bueno!el relato realmente no me había dado cuenta que la vida se debe ver de esa manera.
Creo que la vida de cada uno de nosotros tiene momentos buenos, felices y mas que nada momentos que no se pueden borrar de nuestra memoria esos recuerdos son los que nos ayudan a olvidar los momentos difíciles deprimente y sobretodo los peores mementos de nuestra vida.

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